Nave de vela, vapor y motor

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Nave de vela, vapor y motor

Desde hace mucho tiempo los aviones surcan los cielos de los países más distantes y a una velocidad increíble, pero esta realidad no quita el papel protagónico a buques y embarcaciones que emprenden viajes a diario para hacer llegar mercancías desde los más variados rincones del planeta. El tráfico en barco es una industria en pleno apogeo.
Romina Degiorgis
hace 1 mes, 1 semana
Nave de vela, vapor y motor

El comercio exterior de la mayoría de las naciones es totalmente dependiente de lo que pueda transportarse por agua, según las declaraciones de la Guardia Costera de los Estados Unidos: “El 90% del comercio mundial viaja por el agua. La vasta mayoría de la población mundial vive a pocos cientos de kilómetros de una costa. Cerca de tres cuartas partes del planeta están cubiertas por agua”.

Esto quiere decir que la visión de un puerto importante del país es la de muchos buques cargueros aguardando autorización para salir a surcar mares y océanos. Desde que las calaveras de Colón partieron buscando Las Indias y llegaron a América, la industria de la navegación no ha hecho más que crecer y con ella el comercio internacional.

Buques de gran porte, con capacidad para llevar peso medido exclusivamente en toneladas con el formato conteiner como principal forma de almacenamiento es lo que se ve a diario en cualquier puerto comercial. Pero ¿cómo ha sido el proceso desde las primeras balsas movidas a remo hasta los actuales monstruos de la navegación?

El inmenso desconocido

El término navegación proviene de la voz latina navis y tiene como principal significado el arte de dominar un barco, pero también representa la capacidad de encontrar el camino. La navegación en la antigüedad siempre se consideró un proyecto ejecutado por valientes, el valor que tenía vivir en las costas del mar era reconocido por grandes civilizaciones, ya que ese inmenso desconocido era una verdadera fuente de alimentos y otros productos de gran utilidad para la vida de una comunidad.

No es difícil imaginar que quienes veían a la costa como una fuente recurrente de beneficios imaginaran diferentes maneras de adentrarse al mar para conseguir mayor cantidad y más variados productos. Y así es como deben haber surgido las primeras embarcaciones o balsas de la historia.

Como en toda gran aventura, una vez que se ha podido realizar una pequeña expedición se busca resolver los inconvenientes que se hayan presentado y emprender nuevos retos para llegar más allá de dónde se ha alcanzado navegar. Este ciclo se ha repetido hasta que por fin se logra divisar otra orilla o se decide comenzar con el retorno.

La pasión por las embarcaciones en la actualidad se ve reflejada de manera profesional, lúdica y como deporte, si tuviéramos que encasillar las principales razones. Aunque debemos reconocer que los pueblos costeros poseen muchas más razones para adentrase a las aguas del mar.

Los primeros navegantes

Existen registros de barcos y otras naves con más de 5000 años de antigüedad, ya que las personas han tenido la inquietud de explorar las aguas desde tiempos inmemorables. Las principales civilizaciones hicieron sus propios proyectos para conseguir alimentos, transportarse, expandirse y dominar, porque no debemos olvidar el rasgo bélico que las diferentes naves han desarrollado.

Así podemos hablar de los primeros barcos egipcios construidos con la fuente principal de energía para trasladarse situada en los remos y las velas. Cada vez se pensaban y diseñaban con mayor cantidad de remos, tanto proa como popa estaban más elevadas y el mástil central donde se ubicaba la vela podía moverse en la parte superior mientras que en la inferior la posición era estática. Todo lo que brindaba el río Nilo para esta civilización representaba el mayor capital, por ello la navegación fue esencial para los egipcios.

Si de expertos hablamos debemos mencionar el ingenio y coraje de los fenicios que en el primer milenio AC fueron los principales comerciantes y conquistadores que surcaban el Mar Mediterráneo, según datos de historiadores sus naves a remo y vela podían cargar hasta cien toneladas de mercancías y recorrían 4600 kilómetros en un promedio de 50 días con paradas obligadas en los principales puertos de intercambio.

Más cercanos en el tiempo, por el siglo VIII y III AC los navegantes que más se destacaron fueron los griegos y romanos en sus respectivos imperios. El interés por el comercio y la conquista fueron vitales para la creación de obras de arte como la tirreme griega o la galera romana.

Adiós vela adiós

La navegación es una empresa a la que muchos le han depositado esfuerzos, intentado variados estilos de diseño y, por supuesto, también se han realizado pruebas para hacer naves más grandes, con mayor capacidad, mejor posibilidad de maniobras y todo lo que se refiera a optimizar el transporte sobre agua.

Por todo ello es que los barcos tomaron tantos nombres como relaciones y grados hubiera de velamen, ya no importaba la forma que adoptaran, pasaron a clasificarse por cantidad de velas y ocasión de maniobras disponibles, por ejemplo: fragata, corbeta, bergantín, entre otras.

Pero con la edad moderna surgiría una invención que destronaría a las velas como única forma de navegación y esta es la máquina de vapor. La primera patente comercial sobre este dispositivo fue del año 1698 a nombre de Thomas Savery y sobre ella se realizaron nuevas invenciones y mejoras para poder adaptar la máquina a diferentes requerimientos de las distintas industrias.

Si bien el origen se encuentra en lograr la evaporación de agua que se juntaba en las minas de carbón de Inglaterra, las oportunidades de uso llenaron cada necesidad del momento. James Watt, casi un siglo más tarde rediseñó la máquina hasta tal punto que muchos lo consideran el inventor de este dispositivo, aunque lo cierto es que gracias a los ajustes propuestos para aprovechar al máximo el calor logrado consiguió una máquina de vapor mucho más eficiente y económica que sus predecesores.

Desde el vapor a los motores

La máquina a vapor significó el impulso del desarrollo y la posibilidad de industrializar de manera exponencial a la humanidad en su conjunto y solo una nueva revolución podía competir con ello. De la mano de los motores a combustión es que se puede hablar de una nueva manera de navegar.

A partir de este tipo de motores la construcción de barcos fue desplazada a la construcción de buques cada vez más amplios y con mayor capacidad para dar respuesta a las necesidades de intercambio que no paran de crecer en una sociedad consagrada al consumo.

En CompreSeguros.com ya tuvimos oportunidad de hablar sobre el gran papel que desarrollan hoy los buques comerciales y lo que significó el cierre de una de las principales vías de comercio por más de 6 días, en el artículo: El canal de Suez y el seguro de embarcaciones.

Si bien los accidentes como el que experimentó el Ever Given son excepcionales es importante considerar lo que ocurre cuando hay un pequeño error en una máquina de semejante envergadura. Sobre todo en un mercado que requiere que todo sea más rápido, más voluminoso y más rentable, claro está, en menor tiempo posible.

Quizás la situación de pandemia actual sea una manera de quietud que nos permita reflexionar sobre lo que ocurre cuando una causa de fuerza mayor nos obliga a frenar, bajar el ritmo y concentrarnos en lo esencial.

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